I
El frío de la lluvia de ese viernes todavía estaba divagando por ahí. Ya había asumido que no saldría más y me había puesto una sudadera y un buso cuando llamaron. Llegaron en menos de cinco minutos muertos de la risa con una bolsa de mamoncillos y yo no sabía si estaba temblando del frío o de los nervios. Él tenía puesta ropa que yo no le conocía y tatuajes nuevos, se veía grande y sonriente y cuando lo abracé quise llorar porque hacía más tiempo del que había querido tener en cuenta no sentía lo que sentía cuando olía a lo que él huele.
II
Me contó de todas, de las rubias, las morenas, las pecosas, las que bailaban y las que no, todas bajitas, dijo; nos reímos tomando café con leche y después chocando las cervezas. Le conté de todos, los de siempre, los nuevos, aquellos y las desventuras, compramos chocolatinas jet de las que no me gustan para que guardara los caramelos. Bebimos hasta que se nos olvidó como se llamaban todos los presentes y desayunamos no me acuerdo qué con jugo de guanabana.
III
Fue tan natural que se sintió como si él estuviera acá todos los domingos. Hicimos almuerzo, jugamos fútbol, lo prendieron, lo rotaron y bailamos merengue con el de la tienda.
VI
Estudié semántica mientras ellos jugaban Play. Por la noche salí a beber tarde con un tipos recién conocidos y lo llamé cuando estaba borracha a decirle cualquier cosa de la que no me acuerdo y de la que él se rió.
V
No es tan raro como hermoso sentirlo cerca, estas calles son, incluso, más de él que nuestras, se las sabe, se las recorre, se las bebe y las dibuja con la memoria mientras intenta cogerme la mano cuando caminamos por ahí. Compra las cosas de siempre, se ríe de las cosas de siempre, no habla de lo de siempre, por lo menos no conmigo, pero sí dice lo de siempre, un “nea parcero” que no cambia de tono ni de son, se quita el sueño de los ojos de la misma forma que lo hacía hace tantos años y despierta a los demás con la violencia de siempre. Ya no tiene siempre el cigarrillo en la mano pero las idas y venidas no le han quitado la sonrisita sarcástica y coqueta de la boca.
Lloré cuando nos despedimos, me dijo que dejara de ser boba y me entregó unos dibujos que me había mandado su hermano. Lloré sin consuelo cuando se dispidió de su amigo que ahora es tan mío que parece que me lo hubiera dejado de regalo cuando se fue por primera vez.
Hoy me escribió para saludar y para decirme que habían publicado una nota muy linda sobre Palinuro en un periódico. Nos mandó a decir que todo bien y que nos vemos por ahí.