Obla-di-obla-da
No me hago responsable de lo que usted pueda llegar a leer acá, le estoy avisando.

Hace como tres años me regalaron un tocadiscos, es una cosa de madera oscura, grande y preciosa. Cuando lo utilizo es una ceremonia pequeñita, es decir, no suelo hacer otra cosa que concentrarme en el acto mismo de utilizarlo, de sacar el disco de la bolsa, soplar el polvo, ponerlo a girar. Cuando llegó a mí me apoderé también de los discos que habían en la casa, unos de tango y muchos otros de Serrat, el de Piero es uno rosado que dice su nombre en negro y tiene como unos grabados feos. Se escucha muy bien. En la parte de atrás están las canciones y fotos de él en conciertos; lo que llama realmente la atención son unas palabras escritas con lapicero azul ya muy gastadas y borrosas al lado del título de esta canción, el primer renglón no se entiende, después reza así en letras mayúsculas y pequeñitas: “Todavía no la he podido entender muy bien pero sé que es para ti”. Mi papá y mi mamá eran amigos cuando a mi papá se le ocurrió que la quería. Se le apareció un viernes con los jeans rotos, disco y cigarrillo en mano y la valentía en la garganta, no le dijo nada, le regaló el disco. 

Esa es la historia del tocadiscos, del disco de Piero, de como mi mamá no escuchó el disco el fin de semana porque estaba parrandiando con un encarrete que tenía y al lunes, mi papá, con los jeans rotos y el cigarrillo en la mano le preguntó qué pensaba de la canción y ella le dijo “Muy chévere”. 

 
Louis Armstrong plays for his wife, Lucille, in front of the Sphinx and Great pyramids in Giza, Egypt.
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Louis Armstrong plays for his wife, Lucille, in front of the Sphinx and Great pyramids in Giza, Egypt.

(Source: black-culture, via paraisoprometido)


“Waltz speaks in softly-accented, sibilant-heavy English, with slightly lunatic precision; his long chin lending him an air somewhere between impish and lubricious. There is a distinct hint of kinkiness to him.”— Culture Magazine

“Waltz speaks in softly-accented, sibilant-heavy English, with slightly lunatic precision; his long chin lending him an air somewhere between impish and lubricious. There is a distinct hint of kinkiness to him.”— Culture Magazine

(Source: socrappyicoulddie, via wine-loving-vagabond)

De una ocurrencia cualquiera.

No suelo escribir con seriedad, lo hago cuando algo me molesta mucho y necesito hacer coherente mi molestia, cuando necesito señalar el error, cuando tengo rabia escribo con seriedad; también, por supuesto, con fines académicos, ya sea porque leí algo, tengo una idea que merece ser bien puesta en el papel, o porque necesito un cinco para que no me echen de la Universidad. No suelo escribir con seriedad porque no confío mucho en mi capacidad para hacerlo, me suelto en la informalidad y lleno lo que sí suelo escribir con maricadas, no con el afán de que no me tomen en serio, más bien porque yo no lo hago.

Hace no mucho me propuse escribir con cierta regularidad, cualquier cosa, el día, la cotidianidad, el capítulo de la serie, lo que pienso cuando leo a Ullman, lo pretenciosos que llegan a hacer los artículos del Malpensante, de los raperos del bus y de sacar a mi perro a mear, cualquier cosa, pequeña, grande, boba o seria que me permita ejercitar la palabra y aprender a desempolvarla sin mucha inseguridad. 

Con el tiempo me encontré escribiendo sobre algo con recurrencia, algo curioso. En lugar de escribir sobre la gente que me rodea -mi gente, la gente de mi vida- terminé escribiendo sobre la gente de la vida de ellos; del papá, del hermano, del primo, de la amiga o del novio de mis amigos. Lo hice la primera vez porque me pareció muy lindo escuchar a alguien hablando de otro a quien quiere con el alma, otro a quien yo no conocía y sin embargo sentía familiar gracias a su descripción, me pareció imperdonable no escribir sobre eso.

El resto es historia, o historias, porque son un montón. Un montón de gente hecha de palabras, que no es mi gente, pero es la gente de mi gente. Planeo subir una que otra por acá y quería dejar esto a modo de introducción para que no pareciera una ocurrencia cualquiera, aunque lo es. 

(Source: , via fabioladurazo)

(Source: mareodomo)

De un ratico de vida.

I

El frío de la lluvia de ese viernes todavía estaba divagando por ahí. Ya había asumido que no saldría más y me había puesto una sudadera y un buso cuando llamaron. Llegaron en menos de cinco minutos muertos de la risa con una bolsa de mamoncillos y yo no sabía si estaba temblando del frío o de los nervios. Él tenía puesta ropa que yo no le conocía y tatuajes nuevos, se veía grande y sonriente y cuando lo abracé quise llorar porque hacía más tiempo del que había querido tener en cuenta no sentía lo que sentía cuando olía a lo que él huele. 

II

Me contó de todas, de las rubias, las morenas, las pecosas, las que bailaban y las que no, todas bajitas, dijo; nos reímos tomando café con leche y después chocando las cervezas. Le conté de todos, los de siempre, los nuevos, aquellos y las desventuras, compramos chocolatinas jet de las que no me gustan para que guardara los caramelos. Bebimos hasta que se nos olvidó como se llamaban todos los presentes y desayunamos no me acuerdo qué con jugo de guanabana. 

III

Fue tan natural que se sintió como si él estuviera acá todos los domingos. Hicimos almuerzo, jugamos fútbol, lo prendieron, lo rotaron y bailamos merengue con el de la tienda. 

VI

Estudié semántica mientras ellos jugaban Play. Por la noche salí a beber tarde con un tipos recién conocidos y lo llamé cuando estaba borracha a decirle cualquier cosa de la que no me acuerdo y de la que él se rió. 

V

No es tan raro como hermoso sentirlo cerca, estas calles son, incluso, más de él que nuestras, se las sabe, se las recorre, se las bebe y las dibuja con la memoria mientras intenta cogerme la mano cuando caminamos por ahí. Compra las cosas de siempre, se ríe de las cosas de siempre, no habla de lo de siempre, por lo menos no conmigo, pero sí dice lo de siempre, un “nea parcero” que no cambia de tono ni de son, se quita el sueño de los ojos de la misma forma que lo hacía hace tantos años y despierta a los demás con la violencia de siempre. Ya no tiene siempre el cigarrillo en la mano pero las idas y venidas no le han quitado la sonrisita sarcástica y coqueta de la boca. 

Lloré cuando nos despedimos, me dijo que dejara de ser boba y me entregó unos dibujos que me había mandado su hermano. Lloré sin consuelo cuando se dispidió de su amigo que ahora es tan mío que parece que me lo hubiera dejado de regalo cuando se fue por primera vez. 

Hoy me escribió para saludar y para decirme que habían publicado una nota muy linda sobre Palinuro en un periódico. Nos mandó a decir que todo bien y que nos vemos por ahí. 

Los rituales de la soledad no sólo son más naturales que aquellos que se desarrollan en la convivencia, son también más abundantes y curiosos. 
Hay algo de poesía en los rituales compartidos, la armoniosidad de los movimientos y las palabras conocidas, sin embargo, pocas cosas son tan poéticas como el autoconocimiento manifestado en costumbre, la comodidad de las cosas propias en las maneras propias. Los cigarrillos de las mañanas, el agua a cierta temperatura de la ducha, el doblar de las cobijas, la elección de la ropa, las ceremonias después de salir de clase, las manías de las comidas y los procedimientos al llegar a casa.
Cosas de gente que hacen a la gente. 
 
 

Los rituales de la soledad no sólo son más naturales que aquellos que se desarrollan en la convivencia, son también más abundantes y curiosos. 

Hay algo de poesía en los rituales compartidos, la armoniosidad de los movimientos y las palabras conocidas, sin embargo, pocas cosas son tan poéticas como el autoconocimiento manifestado en costumbre, la comodidad de las cosas propias en las maneras propias. Los cigarrillos de las mañanas, el agua a cierta temperatura de la ducha, el doblar de las cobijas, la elección de la ropa, las ceremonias después de salir de clase, las manías de las comidas y los procedimientos al llegar a casa.

Cosas de gente que hacen a la gente. 

 

 

(Source: weheartit.com, via deberiasserungustodehelado)

“Ahora paseas solitario por los muelles
de Barcelona.Fumas un cigarrillo negro y porun momento crees que sería buenoque lloviese.Dinero no te conceden los diosesmás sí caprichos extraños.Mira hacia arriba:está lloviendo.”
Roberto Bolaño. 

“Ahora paseas solitario por los muelles

de Barcelona.
Fumas un cigarrillo negro y por
un momento crees que sería bueno
que lloviese.
Dinero no te conceden los dioses
más sí caprichos extraños.
Mira hacia arriba:
está lloviendo.”

Roberto Bolaño. 

(Source: lecollecteur, via lapizmina)